La escalada

Seudónimo: El Escalador de gimnasios

En la escuela Yun-ha de China, dos chicos de 18 años festejaban su graduación de preparatoria. Ellos eran Nichi Kamura, de Japón, y David Madrid de México.  La escuela era reconocida por recibir gente de todo el mundo a los que les gustaba escalar grandes montañas. Por eso ellos la habían elegido como el lugar para estudiar su preparatoria.

Después del baile y de darse un abrazo de felicitación, Nichi le preguntó a David qué iba a hacer ahora que había terminado la prepa.

-Ir a escalar el Everest, por supuesto-. Contestó David.

– ¡Lo sabía!  ¡Creo que he encontrado a mi compañero de viaje!, pensó Karina, y volteando hacia él, le dijo: “David, ¿quisieras escalar el Everest conmigo?”

Así es como inició su gran aventura.

Tres meses después, David y Nichi se encontraron a las faldas de la gran montaña.  Con gran emoción prepararon todo para su gran escalada.  Llegó el momento de la verdad.  Como todos unos profesionales, respiraron profundo, se amarraron bien las botas, chocaron las manos para desearse buena suerte e iniciaron el ascenso.

Su caminata era rápida y sin problemas. Tres horas duraron subiendo, deteniéndose únicamente para tomar un poco de agua, hasta que llegaron a la parte de la montaña con menos oxígeno.  Era momento de sacar el tanque para evitar mareos y respirar más fácilmente.

– ¿Tienes el tanque de oxígeno preparado?, preguntó Nichi alegre.

-David se quedó paralizado por unos momentos y luego contestó con pena: “Nichi, ¡se me olvidó el tanque en el coche!”

Nichi no lo podía creer. Estaba bastante enojada.  David también estaba enojado consigo mismo porque era un gran error el que había cometido.  Ninguno de los dos tenía ganas de hablar y se quedaron parados viendo el espacio mientras se hacía de noche.

Sin embargo, cuando las estrellas inundaban el negro cielo, tuvieron que hablarse otra vez y así no perder más elementos del equipo. Decidieron enterrar todo lo que les sobraba junto a una roca grande para localizarla fácilmente por la mañana.

Al cabo de un rato les dio sueño y se fueron a dormir cada uno por su lado.  Les costaba un poco de trabajo respirar y tuvieron algunas pesadillas.  Se entristecieron porque los dos soñaron que no podían llegar a la cima.

A la mañana siguiente, salieron a buscar comida a su caja que habían escondido, pero ¡oh sorpresa!, había nevado y tanto la roca como la caja ya no se veían.

Nichi empezó a llorar. David se acercó para decirle que todo se iba a arreglar.  Le dio las manos y los dos se dieron un fuerte apretón.  Los dos cerraron los ojos en silencio y pensaron con todas sus fuerzas que su deseo se pudiera cumplir de alguna manera.  De repente sintieron una descarga eléctrica y que todo empezaba a dar vueltas.

¡No se podían soltar!  Pasaron 20   largos segundos antes de que todo se detuviera de repente. Entonces salieron los dos volando y cayeron de sentón en la nieve.

Sin embargo, ni sintieron dolor pues lo que vieron les sorprendió: ¡Estaban en la cima de la montaña!

¿Qué es lo que había pasado?  Ninguno le había contado al otro que en su bolsillo llevaba un ingrediente especial de su país:  Nichi llevaba un arroz de Japón y David llevaba un chile de México.  Al juntar sus manos, el poder de estos ingredientes se multiplicó por mil y eso logró llevarlos sin problemas hasta arriba del Everest, ¡el lugar más alto que los humanos pueden aspirar a llegar!