Lily la bailarina

Seudónimo: Arcoíris

Existía una niña que siempre había querido ser bailarina, su nombre era Lily. Nunca dejaba de bailar, a pesar de que le costaba trabajo realizar algunos ejercicios y veía cómo las niñas de su grupo lo hacían con más facilidad que ella. Siempre estuvo dispuesta a seguir adelante con sus clases.

A Lily le gustaba enseñarle sus pasos de ballet a su hermano Roberto, pero a él le parecía muy aburrido

Un día, Lily estaban en su cuarto repasando unos videos de ballet, cuando se le apareció una hada que siempre la veía bailar y se daba cuenta de todos los pasos que le costaban trabajo. El hada le dijo:

—No vale la pena dejar de bailar ballet si eso es lo que realmente te hace feliz, pero debes comprometerte a seguir con tus clases y echarle ganas para lograr ser bailarina profesional.

En el momento en que Lily quería contarle algo, ya era tarde, el hada se había ido. La madre de Lily no le daba permiso de tomar clases de ballet, no quería que se sintiera triste por no poder hacerlo como sus compañeras, pero su padre en cambio, la apoyaba y quería que su hija hiciera lo que le hacía feliz.

Un día, Lily le preguntó valientemente a su mamá:

—Mamá, ¿por qué no te gusta llevarme a mis clases de ballet?

—Porque no tengo tiempo, además tú te la pasas molestando a tu hermano Roberto.

—Yo no lo molesto, sólo le enseño mis pasos de ballet —contestó Lily enojada—. Lo bueno es que papá sí me deja bailar ¡Ya verás, voy a luchar tanto que seré bailarina profesional!

Después de discutir, Lily se fue a dormir. A la mañana siguiente, la mamá de Lily le dijo:

—Una hada apareció ayer en la cocina y me platicó cómo estás luchando y repasando los pasos que tanto te cuestan para poder mejorar, me convenció de darte una oportunidad, yo no quiero que te sientas triste si te cuesta trabajo, pero confío en ti y es tu decisión, así que te voy a apoyar, pero por favor, si algún día quieres dejar las clases, aquí vamos a estar para ti —Lily y su mamá se dieron un gran abrazo.

Al día siguiente, en la clase de ballet, todas las niñas repasaban los pasos para un examen pues necesitaban una buena calificación para poder subir de nivel. Sin embargo, las niñas del grupo de Lily la veían feo y la regañaban: “Lily, así no se hace la punta”, “Lily, la espalda debe estar derecha”, “Lily, por qué no mejor te vas de aquí”, y muchas frases horribles más, pero Lily incansable y decidida, no les hizo caso y siguió con sus clases.

Después de unos meses comenzó una pandemia por un nuevo virus llamado COVID-19, por esta razón las clases de ballet empezaron en línea y ya no eran de forma presencial, pero Lily en lugar de verlo como algo malo, aprovechó que nadie de su grupo podía verla, así que tomaba sus clases muy atenta y sin que la molestaran. Grababa las correcciones que su maestra le hacía y los pasos de clase, y terminando cada sesión, repasaba una y otra vez.

La mamá de Lily se sentía un poco frustrada ya que podía ver en las clases en línea que a su hija le costaba más que a las demás, ella pedía todas las noches que ojalá se cancelara el examen para que su hija no tuviera que sentirse triste si no le iba bien.

Unos meses después avisaron en la academia que el examen se había cancelado debido a la pandemia.

Todo ese tiempo, Lily no dejó sus clases en línea, era puntual y estaba atenta hasta que llegó el día en que la maestra le dijo: “te felicito, ¡qué bonito bailaste hoy”. Lily no podía estar más feliz, por fin alguien la había felicitado en lugar de corregirla. A partir  de ese momento se sintió mucho más motivada y no dejó sus clases por nada.

Un año después avisaron que regresarían a las clases presenciales, llegó el día del examen y todos fueron a ver a Lily. Su familia quedó impresionada de tan bonito que bailaba y hacía los pasos.

Al terminar, las maestras felicitaron a la familia y a Lily también por cómo empezó y cómo estaba bailando ahora, había pasado al siguiente nivel con una medalla, por fin todo su esfuerzo se vio reflejado y a partir de entonces la mamá de Lily aprendió a confiar en su hija y le agradeció por todo lo que le había enseñado durante ese tiempo.

—Gracias, Lily, eres una campeona, me enseñaste a luchar y a confiar, seguramente serás una gran bailarina profesional.

 

Fin.