Los colores felices

Seudónimo: El pintor

En una escuela vivía una caja de lápices de colores que no se sentían a gusto con su color. Ellos eran: morado, verde, naranja, gris y amarillo. Lo que más deseaban en el mundo era ser azules ya que pensaban que el color del cielo era el mejor y que nadie los querría de verdad siendo de su verdadero color. No existían muchos cielos rosas, menos morados o naranjas, pero si azules.

Un día el color amarillo regresó llorando, porque una niña lo usó tanto que se quedó sin punta; lloraba y lloraba tanto, que tenía muchas lágrimas por todo su cuerpo de madera. Intentó hacer muchas cosas para tener su punta de nuevo, como buscar al sacapuntas, pero no lo encontró; buscó al sacapuntas eléctrico y tampoco funcionó.

Andando por el salón de arte, el color amarillo encontró tirada una punta azul, así que rápidamente le pidió a sus amigos el pritt y el resistol que le ayudaron a pegársela. Cuando el amarillo regresó con sus otros colores compañeros, lo vieron con envidia. Ellos también querían ser azules y el amarillo lo había conseguido.  “Presumido”, le decían.

Se escuchó la campana del recreo y los niños entraron al salón de arte; comenzaron a dibujar con los colores, los sacaron de su caja y de tanto usarlos, los dejaron sin punta una y otra vez. Primero el verde, luego el morado, el rosa, el naranja y el gris. Nadie tomó el amarillo porque su cuerpo no era igual que la punta. El color rosa se dio cuenta de lo que pasaba y cuando todos los niños se fueron a sus casas, dijo:

—Nuestros colores sí les gustan a las personas. El cielo no es morado, pero el

vestido de una princesa sí lo es; el naranja no puede ser el color del cielo, pero el de una pelota de basquetbol, si y puede hacer felices a muchos niños que les gusta jugar con ella; el rosa puede ser del color de una flor y gustarles a las mamás; el gris puede ser de un color triste, pero aun así los elefantes lo usan.

Los demás colores estaban de acuerdo con el color rosa, incluido el color amarillo, quien de inmediato se quitó la punta azul y esperó a que su amigo el sacapuntas le ayudara con la suya.

Juntos, los lápices dibujaron un hermoso arcoíris para que cada vez que las personas lo miraran, recordaran que la felicidad es así: de muchos colores.