Los demonios

Seudónimo: El crack

En un pueblo muy lejano, en el Polo Norte, donde hace mucho frío, había tres demonios que parecían muy malos, pero en el fondo tenían un buen corazón. Eran hermanos, el mayor se llamaba Prato, la mediana se llamaba Prata y el más chiquito se llamaba Prete, y siempre estaban juntos.

Un día estaban esquiando y de repente dijo Prato: “oigan, puedo volar, ¿ustedes también?”, y le contestaron: “¿Cómo crees?, ¡eso es imposible!”. Para demostrárselos, Prato se aventó desde la parte más alta de la montaña y se deslizó hacia abajo para enseñarle a sus hermanos que podía volar, mientras caía, sus hermanos le dijeron: “¿viste que no puedes volar?”.

Casi llegando hasta la parte más baja de la montaña, había una rampa, se deslizó y se impulsó con ayuda de ella hasta que cayó en el techo de una casa muy lejana. Le gritó a sus hermanos para que lo ayudaran, pero no podían escucharlo, estaba muy lejos. Prato se levantó y se asomó por una ventana en donde había una fiesta con mucha gente. Les preguntó si podía unirse a la fiesta, pero todos salieron corriendo del susto de verlo. Prato, muy triste, les dijo que no se asustaran tanto, que no les quería hacer daño.

Después de unas horas, sus hermanos lograron encontrarlo y le dijeron: “¿cómo llegaste hasta aquí?”, Prato les contestó que podía volar y les reclamó por no creerle. Los hermanos insistieron en que eso no era volar, era deslizarse, pero que con ese impulso se fue demasiado lejos y tuvieron que recorrer todo el pueblo para encontrarlo.

Prata les propuso dejar de discutir y mejor ver qué había en esa casa tan grande, en la que se veía que había habido mucha gente. Entraron a la casa, comieron de todo lo que encontraron y de repente escucharon a un bebé llorar, “Oh, oh, estas personas olvidaron a su bebé, vamos a intentar calmarlo”. El bebé no les tuvo miedo, solo los vio y se empezó a reír. Prete no quería ni acercarse para no espantarlo, pero los demás se acercaron y le dijeron: “¡Mira esta preciosura!, tenemos que ir a buscar a sus papás”.  Prata le dijo a sus hermanos que fueran a buscar a la familia del bebé y a entregarlo aunque les encantaba estar con él.

Buscaron por horas hasta que los encontraron y Prato les pidió perdón por asustarlos, les explicó que esa nunca fue su intención, que lo que él buscaba era estar en la fiesta. Cuando los hermanos entregaron al bebé, los papás muy apenados les dijeron que de tanto que se asustaron se olvidaron del bebé y pensaron que nunca lo volverían a ver, pero que se dieron cuenta de que aunque parecían demonios por fuera, tenían un corazón bueno y gigante.

Les agradecieron mucho y se hicieron muy buenos amigos. Desde ese día, siempre los invitaron a sus fiestas.