Los Reyes Malvados

Seudónimo: Lobo de ojo azul

Abatida y con las ideas revueltas camino por los pasillos del palacio, pronto mis

damas vendrán por mí para llenarme de ornamentos, como si eso me hiciera verme

más hermosa. Estoy nerviosa porque el banquete de hoy es especial para todas

aquellas mujeres en edad núbil y, como soy la princesa, al parecer todos me

querrán como su esposa, pero no por mi personalidad, si no por el estatus y las

riquezas que vienen conmigo.

Tres horas más tarde ya estoy lista para el banquete, respiro hondo, preparada para

lo que viene y con desenvoltura entró al salón con actitud y gracia, como si el salón

fuera mio y solo mio, aunque técnicamente sí lo era. Todas las miradas recayeron

sobre mí. Todo se detuvo mientras entraba. No niego que me veo bien: tengo un

vestido que resalta mi figura, y su color azul resalta el de mis ojos. Camino hasta el

centro del salón donde se encuentra mi egregio padre el rey y mi madre cuya

cabellera se ve entrecana y no por la vejez, si no por todas las batallas que ha

liderado. Hago una pequeña reverencia y me siento a su lado.

El ambiente es muy ameno. Se escuchan las melodías tradicionales que consisten

en una banda de banjos, baquetas y otros cuantos instrumentos. Comemos y

danzamos cuando de pronto, el príncipe del reino enemigo aparece por las puertas,

terminando con el barullo que se escuchaba segundos atrás. No niego que me

atrae; siempre lo ha hecho, pero me mantengo seria ya que se que mi padre le tiene

un odio inmenso a él y toda su familia.

-¿Qué hace aquí? pregunto nerviosa.

Todos le abren el paso hasta que llega frente a mis padres, hace una reverencia con

un toque de desdén, y dice dejando a todos mudos:

-He venido a reclamar la mano de su hija para unirnos en matrimonio y así terminar

con la enemistad de los reinos, forjar alianzas. La proveeré y llenaré de lujos si

aceptan mi propuesta.

Digo para mis adentros, que no sería mala idea, aun sabiendo que mi padre no lo

permitirá jamás.

Mi padre completamente furioso y fuera de si, se levanta de su trono y cuando está

a punto de negarse a la propuesta del príncipe cruel, el joven saca su espada y se la

clava justo en el corazón, acatando el plan que creamos meses atrás,

convirtiéndome en su mujer y nueva reina, dejando a todos con la boca abierta. Mi

madre, la reina, saliendo de su estupor, gritó y llena de ira, desenfundó la espada

que siempre traía y atacó a mi antes secreto amante, pero él esquivó todos y cada

uno de los golpes moviéndose con gracia, como si de una danza se tratara.

Llegaron los guardias y soldados, rodeándolo peligrosamente, pero en ese momento

saqué la daga que escondía bajo mi vestido, y blandiendola graciosamente caían

uno por uno. Luchamos intensamente hasta que no quedó uno vivo, la gente estaba

aterrorizada, pero todos sabían que no había más remedio, así que uno a uno se

inclinó ante nosotros.

Desde entonces nos convertimos en los reyes malvados.