Mermelada de durazno, cebolla y ojos de iguana molidos

Seudónimo: Weeb11

Hace muchos años, en un lugar en donde caían muchos truenos, vivía un doctor llamado Will. Debido a las tormentas eléctricas, Will vivía todo el tiempo con miedo de salir y hacer nuevos amigos.

Él era especialista en curar pies humanos, tenía gustos muy raros en la medicina y en sus maneras de curar, ya que el jarabe que más recetaba era una mermelada de durazno, cebolla y ojos de iguana molidos; él creía que cuando lo hacía, el mundo tenía un aroma realmente delicioso, pero nadie lo creía así.

Cuando llegó un día soleado con un gran arcoíris, el miedo del doctor Will disminuyó, así que fue en busca de nuevos amigos y pacientes con problemas en los pies y que olían mal. En realidad nadie quería ser su paciente porque era demasiado joven y llevaba puesto un horrible y gracioso sombrero. Parecía todo menos doctor.

Después de cinco minutos de salir de su casa, quería regresar, a pesar de querer ser valiente, aún le costaba trabajo interactuar con los demás. No la estaba pasando bien y no se sentía divertido, así que golpeó sus manos una contra la otra intentando lograr un milagro para que la creatividad llegará a su cabeza y encontrará algún remedio para hacer amigos.

Esta vez no se dejaría vencer por el miedo, así que pensó cómo podría tener un amigo, podría hacer un show y tener un amigo por la fama, pero eso no le gustaba; podría poner un cartel preguntando “¿Quién quiere ser mi amigo?” ¡Wow, es una excelente idea! Así que empezó a preparar el cartel, y cuando lo acabó, se puso en la calle para ver si lograba hacer una amistad. Pasaron las horas y nadie respondió, entonces fue a otro lugar con su cartel y un hombre muy misterioso pregunto:

 

–¿A qué se debe todo esto?

–Quiero tener un amigo –dijo Will– Acaso… ¿Tú quisieras ser mi primer amigo? –Sí, sí quiero ser tu amigo –dijo el hombre y Will estalló de alegría.

–¿Cómo te llamas? –preguntó Will.

–Yo me llamo Juan y mi esposa se llama Wen.

–Yo me llamo Will.

–Sí, seré tu amigo, pero con una condición: tienes que rescatar a mi amada. La secuestró un dragón de tres cabezas color rojo y espeluznante. No la veo desde hace días. Sólo recuerdo que el dragón se encuentra en la isla de las Calacas Cabezudas; se cuenta que está a 46 km hacia el norte navegando.

 

Will estaba más que emocionado por tener un amigo, así que juntó toda su valentía y fue hacia la Isla de las Calacas. No sabía bien cómo iba a rescatar a la esposa de su amigo, pero seguro ya se le ocurriría algo.

Pidió prestado un pequeño barcó y zarpó. En el camino se encontró con un calamar gigante. Se espantó mucho, pero nada impediría lograr su objetivo, además, el calamar se veía un poco triste. Will se tragó el miedo y preguntó:

 

–¿Te pasa algo? ¿Puedo ayudarte?

–Mis enormes tentáculos apestan terrible –dijo casi llorando el Calamar.

–Ya veo, bueno, ya huelo –dijo con pena Will que le dio toda la razón, pues sus tentáculos soltaban un apestoso olor–. Pero tengo el remedio perfecto para ti.

 

Will sacó su extraña mermelada, se la untó en los tentáculos y, por arte de magia, el olor desapareció.

 

–¡Waw! Muchas gracias. Dime cómo te llamas, ¿quieres ser mi amigo? Yo soy Randal –dijo entuasiasmado el calamar.

–¡Claro! –dijo muy contento Will–. Pero… tengo una condición: ayúdame a rescatar a la mujer de un amigo. Se la llevó el dragón de tres cabezas.

–Sí, ¿pero no es terrorífico?

–Quizás, pero todo es posible –respondió Will.

 

Se fueron juntos y, llegando a la isla de las Calacas Cabezudas, empezaron a ver cadáveres humanos. Se sentía un ambiente terrorífico, había mucha neblina y poca luz. Will y Randal estaban asustados.

Después de atravesar por muchos lugares escalofriantes, por fin vieron al dragón, estaba dentro de una cueva llorando; eso les sorprendió mucho y al mismo tiempo les bajó el miedo un poquito. Le preguntaron con mucho temor por qué estaba llorando, a lo que el dragón respondió, con una voz muy grave:

 

–Me siento muy solo, no tengo amigos y nunca tendré, mis pies hueles a rayos y nadie se me acerca.

–¿En serio? ­–preguntó Will sorprendido–. Por cierto, ¿cómo te llamas?

­–Me llamo Jack, y ustedes, ¿cómo se llaman?

Después de presentarse todos, Will le preguntó por la esposa de su amigo.

 

–Sí, la secuestré porque estaba solo, pero creo que no fue una buena idea, todos los días sólo me cuenta sobre su esposo Juan, creo que será mejor entregarla.

–Si tú me la entregas, yo podría ayudarte con el olor de tus pies.

 

Sin pensarlo, el dragón Jack se las entregó, Will le puso su famosa mermelada de durazno, cebolla y ojos de iguana molidos. El apestoso olor se convirtío en un agradable aroma, y Jack se sintió muy aliviado.

Sin darse cuenta, Will ya tenía tres grandes amigos gracias a la mermelada extraña que preparaba. Jack llevó volando a Will y a Wen hasta donde estaba su amigo Juan, y Randal regresó a su hogar. Cuando llegaron con Juan, él y su esposa se abrazaron fuertemente.

Desde ese día, sus nuevos amigos le dijeron a medio mundo sobre la peculiar mermelada de Will. La noticia se propagó tan rápido que se volvió muy famosa y no sólo eso, sino que cientos de pacientes acudieron con él, y muchos de ellos  hasta se convirtieron en sus grandes amigos gracias a su mermelada de durazno, cebolla y ojos de iguana molidos.