Mi propia melodía

Seudónimo: Walden

Debora abrió su agenda: “Tarea de Lengua: ¿Cómo definirías los recuerdos?, ¿cómo crees que funciona la memoria a largo y a corto plazo? Escribe los recuerdos más lejanos que tengas”.

Se dirigió al estante de casetes, tomó uno de la izquierda y lo insertó en la casetera. “La melodía del caminante”, la primera canción de la nueva colección de composiciones para piano de Natalia, la miembro más joven de la familia Minuet. Empezó a sonar por las bocinas, un tono triste, melancólico y esperanzador a la vez. Abrió el cuaderno y empezó a hacer su tarea mientras reflexionaba sobre la música que sonaba de fondo. Cómo podía ser que existieran melodías que significaran tanto para alguien y tan poco para otro. ¿Cómo era posible que a su amiga le gustaran esas canciones de Santiago Minuet con tantas palabras y sin ningún sentimiento? ¿Cómo podía ser que le aburrieran los arreglos musicales tan profundos y llenos de emociones de Natalia?

Mientras escuchaba los casetes empezaba a juntar en su cabeza unas notas con otras, creando pequeñas melodías; a veces, incluso llegaba a pensar que podrían ser buenas, que ella podía ser una exitosa compositora, pero inmediatamente descartaba ese pensamiento sabiendo que era imposible.

Según contaba la leyenda, en los viejos tiempos hubo tres hermanos que sirvieron con lealtad y devoción a uno de los primeros reyes del reino. Este quería recompensarlos por sus servicios, así que le entregó un talento a cada uno de los ellos y a sus descendientes.

El hermano mayor fue dotado con el talento visual. Desde aquella época y hasta el momento en el transcurre nuestra historia, los miembros de la familia Ventura crearon pinturas de todos los estilos imaginables, retrataron a reyes, nobles y filósofos, de formas realistas y creativas; dejaron en sus cuadros  todas las maravillas del universo, con cielos azules y colores crepusculares, representaciones de glaciares, cataratas, montañas, valles y edificios; figuras abstractas representando lo inexplicable con palabras y óleos que contaban largas historias. Absolutamente todo el arte visual del reino fue creado por la familia Ventura, todos los libros ilustrados para niños o los materiales escolares, la publicidad en los espectaculares, en las cajas de los cereales y en la televisión, todo era creado por los Ventura.

Después estaba Walden, el hermano mediano, que recibió el don de la escritura, el poder de, a través de las palabras, transmitir cualquier emoción o sentimiento; escribir extensas historias descriptivas con personajes complejos o pequeños poemas que llegaban directamente al corazón.

Y por último, pero no menos importante, estaba el hermano más pequeño, bendecido con el regalo de la música. Los integrantes de la familia Minuet empezaron a escribir hermosas óperas y sinfonías, cánticos y melodías que podrían sacudir las emociones de cada una de las personas. Los que se dedicaban a hacer música con palabras, acudían a los letristas de la familia Walden para adornar sus composiciones con versos alegres, tristes, inspiracionales, emotivos y profundos.

Debora terminó el trabajo y se fue a dormir.

Al siguiente día, después de entregar el trabajo, la maestra les dijo:

– Para mañana quiero que me traigan fotografías de recuerdos de su infancia.

Debora llegó a su casa y dio un suspiro; desde que habían fallecido sus papás en un accidente de tráfico, tres años atrás, todo era difícil, triste y lleno de emociones que no podía explicar con palabras. Entrar a su cuarto era recordar tantas cosas… Pero ahí estaban las fotos de su infancia, no había alternativa. Giró la manija de la puerta y entró al cuarto empolvado; se dirigió rápidamente al cajón de los álbumes sin dejar que los sentimientos invadieran su mente.

21 álbumes de fotos, toda su infancia y la vida de sus papás catalogadas por fecha. Tomó uno, pero antes de que pudiera abrirlo, algo más llamó su atención, debajo había otro muy diferente, de color turquesa fosforescente y el doble de largo que los demás. Dejó el álbum que tenía en la mano y tomó el otro, abriendo inmediatamente la primera página.

Un hermoso dibujo de un jardín, con flores y árboles de muchos colores y variedades apareció ante sus ojos.

Pasó la página.

Un precioso cielo nocturno con auroras boreales, verdes, rosas y azules.

Pasó la página otra vez.

Una niña pequeña sentada en la alfombra de su cuarto jugando con unos muñecos.

Debora dirigió inmediatamente su dedo al pequeño lunar que tenía la niña dibujado junto a la nariz; con la otra mano puso su dedo índice sobre su propia cara, contemplándose a sí misma en el dibujo realista.

Pero, ¿cómo podía ser?, contratar a un miembro de la familia Ventura no era nada barato, ¿cómo había conseguido su mamá un dibujo así?

Volteó la hoja buscando el sello oficial de la familia Ventura y el nombre del autor; en vez de eso, encontró escrito el nombre de su mamá en una hermosa letra de caligrafía.

Siguió volteando las páginas, viendo únicamente de reojo las impresionantes imágenes plasmadas en el papel, mientras buscaba algo diferente en la parte de atrás de las hojas. Únicamente encontró repetido, una y otra vez, el nombre de su mamá. Cerró el álbum y lo dejó en el cajón; otro día investigaría el origen de estas pinturas, pero ahora se le estaba haciendo tarde y tenía que terminar su tarea. Ojeó cuatro álbumes, sacó unas cuantas fotos y cerró el cajón. Mientras iba saliendo del cuarto algo llamó su atención, un pequeño piano en la esquina del cuarto.

Se acercó; si bien el piano era de juguete, las teclas tenían la misma configuración que en los pianos de los videos y transmisiones de la familia Minuet. Prendió el piano y tocó una tecla con el dedo índice. “Tannnnn”. Soltó la nota y entonces se le ocurrió una idea; se dirigió rápidamente a la sala e inserto un VHS debajo de la televisión: “Simples melodías relajantes por Fernando Minuet”. En el monitor apareció un joven tocando el piano.  Debora se concentró en el video. Primero tocaba dos veces la nota del medio y luego una vez la siguiente y una vez la tercera; se dirigió al cuarto y tocó las notas con el dedo índice. “Tan, tan, tan, tan”.

Después de un rato, Debora ya había llevado el pequeño piano a la sala y podía tocar de forma muy simple el principio de la canción con un solo dedo. Entonces, se le ocurrió una idea más. Si su mamá, que no era miembro de la familia Ventura, aparentemente podía pintar impresionantes dibujos, ella también podría crear una melodía. Pensó en la que se le había ocurrido el otro día mientras leía un libro y trató de tocarla en el pianito. Tocó varias notas hasta que encontró la correcta, siguió de esta forma por varios minutos. Después de una hora ya había logrado tocar un pequeño tema hermoso.

Estaba tocando su propia melodía.