Mi segunda oportunidad

Seudónimo: Ana

No todo es como parece ser. Mi vida ha tenido un giro que me ha hecho sufrir

durante varios años y desde entonces parece que el tiempo se ha detenido

conmigo. Ese es mi gran secreto, el secreto que me ha atormentado desde hace

algunos años.

 

La vida realmente es una mezcla de deseos, suposiciones, mentiras, engaños y

principalmente, amor. A pesar de todo, siempre nos llena de aprendizajes y

enseñanzas, que en un momento dado, nos ayudarán a enfrentar diferentes etapas

de nuestra vida. Rara vez aparece un concepto que aún ha sido complicado de

determinar. Sin darnos cuenta la vida nos regala otra oportunidad para poder

cambiar el rumbo que está tomando, pero a veces, no la notamos, pasándola

desapercibida y por ende la desaprovechamos, o, si este no es el caso, la tomamos,

pero como en todo, las consecuencias de aquello aparecerán y las tendremos que

enfrentar.

 

Cuando crees que todo está resuelto y que has logrado tener esa vida que tanto

deseabas, algo nuevo ocurre y arruina todo por completo. En esta ocasión

tomaremos como ejemplo la historia de una mujer llamada María, la cual

resguardaba un gran misterio: el secreto de su vida.

En un principio, cuando todo parecía estar normal conmigo, un terrible accidente me

sucedió. En aquel momento, yo me encontraba en el bosque del pueblo donde solía

vivir. No recuerdo exactamente cómo es que llegué a ese lugar, pero sí lo que

ocurrió después: Mientras corría entre los árboles y mis pies tocaban las hojas

tiradas en el suelo, logré ver a lo lejos un árbol diferente: éste tenía distintas

cualidades comparado con todos los demás, por lo que la curiosidad me atrapó y

me acerqué cuidadosamente hacia él. Tan cerca estaba que, sin darme cuenta, una

rama llegó a tocarme. Una mínima cortada bastaba para cambiar mi vida. Fue en

ese mismo instante cuando el tiempo paró para mí: yo seguí siendo la misma María

durante muchos pero muchos años más, sin ningún aspecto físico diferente.

Siempre me tenía que alejar de todo lo que más quería en la vida porque nadie se

podía enterar de mi secreto, de lo que me estaba sucediendo. Así que en vez de

enfrentarlo, decidí abandonar todo y comenzar de nuevo, haciéndome pasar por

otra persona, para que de este modo nadie sospechara de mí; esto lo hacía una y

otra vez. Sin embargo, hubo un momento en el que ya no pude escapar más y lo

tuve que enfrentar, eso sucedió cuando conocí a un chico llamado Rodrigo.

Cuando estaba por entrar a una tienda de libros, Rodrigo estaba saliendo y por pura

casualidad chocamos. Esa fue la primera vez que vi a ese chico. De inmediato, sentí

una conexión muy especial cuando ambos hicimos contacto visual. Él era rubio con

ojos claros pero muy especiales, eran de un tono de color azul profundo, parecido al

color que el mar posee. Después de aquel evento, Rodrigo me invitó un café y nos

sentamos en la banquita del parque, niños alrededor corriendo, perros siendo

paseados por sus dueños y personas caminando. Hablamos por horas hasta que se

anocheció y la primera estrella en el cielo apareció.

 

—Ha sido un gusto conocerte —le dije a Rodrigo, mientras le daba un beso en el

rostro—, espero volver a verte.

Pasaron los días y Rodrigo y yo cada vez nos hacíamos más cercanos. Al paso de

los meses empezamos una relación formal. Ya era momento de que me presentara

a sus padres por lo que un día me invitó a cenar a su casa junto con toda su familia.

Nerviosa estaba por conocer a sus padres, pero algo peor pasó. Cuando toqué el

timbre de su casa, su padre me abrió la puerta, pero ese no fue el problema sino

que su padre había sido mi primer amor de verdad.

 

No supe cómo actuar en ese momento, pues me puse algo pálida y me quedé

estática. Por otra parte, su padre se veía bastante sorprendido y un poco dudoso,

parecía que me estaba examinando, tratando de averiguar de dónde me conocía.

Aún así, me dio la bienvenida y me invitó a pasar a su casa.

—Hola —me dijo su padre estrechándome la mano—, eres bienvenida a este hogar.

Me parece que te conozco de algún lugar. ¿No será que ya nos hemos visto?

Como toda persona respetuosa, le respondí a su padre que no lo conocía y que

nunca antes lo había visto, pero él siguió insistiendo en lo mismo hasta que Rodrigo

cambió de tema y la conversación tomó otro rumbo. Honestamente me quedé

inquieta por aquel inconveniente, y además con miedo de que descubriera quién soy

en realidad. Jamás me había pasado esto, por lo que no sabía lo que era correcto

hacer para poder acabar con ello. La buena noticia es que todo continuó normal

hasta que de pronto, un día inesperado, el padre de Rodrigo se dio cuenta de quién

soy verdaderamente.

 

Un día normal en una noche lluviosa, relámpagos cayendo, truenos retumbando, el

padre de Rodrigo, como de costumbre, se acostó en su cama, se despidió de su

esposa y se quedó dormido. Esta vez tuvo un sueño bastante extraño en el que

recordaba a la primera mujer que lo hizo feliz, con la que quería formar una vida,

despertando todo lo que habían pasado juntos, sus recuerdos y memorias,

experiencias y sueños. Aunque, él no podía recordar con exactitud la cara de su

primer amor, era como si la hubiera eliminado de su memoria. Con mucho trabajo

trató una y otra vez hasta aclarar sus ideas y de pronto logró ver aquel rostro, era

idéntico al de María, todo era igual. No podía creer lo que estaba soñando, tenía

muchos sentimientos encontrados. A la mañana siguiente, se despertó confundido

por el sueño tan extraño que había tenido. No estaba completamente seguro de que

María era la chica de su sueño, así que decidió llamarla para así poder hablar con

ella en persona y pedirle una explicación.

 

Esa misma noche, algo diferente pasó con María, ella por alguna razón se

encontraba en el bosque, tratando de escapar de sus problemas, no se sabe

exactamente qué fue lo que sucedió, si acaso fue cuando tocó el río que se

desbordaba, o algún rayó que cayó del cielo. Un milagro, algo extraordinario había

llegado, pues el tormento de María había terminado. A la mañana siguiente estaba

liberada, hasta se veía una chica distinta.

—No puedo creer lo que me ha pasado —me dije a mi misma cuando me levantaba

de la cama—, La vida me ha regalado una segunda oportunidad. Ahora todo será

diferente, y por fin podré hacer mi vida a lado de la persona que más quiero en este

mundo, mi Rodrigo.

 

Estaba tan contenta porque al fin pude ser libre otra vez, siempre estaré agradecida

con la vida que me ha dado otra oportunidad, no la desaprovecharé y haré que

valga la pena. No pasó ni un minuto más y el padre de Rodrigo me llamó.

Inmediatamente fui con él porque a través del teléfono se oía muy extraño, como si

algo malo estuviera pasando. Cuando llegué a su casa, él mismo me recibió y me

llevó a un cuarto aislado para así poder platicar sin que nadie nos escuchara ni

sospechara absolutamente nada. En un inicio, no sabía por dónde comenzar, se

veía algo tenso y preocupado, esto, de alguna manera me hacía imaginar que él

sabía algo sobre mí, quizás mi secreto. Fue entonces cuando me desenmascaró y

tuve que admitir la verdad, contándole mi historia sobre lo que hace mucho tiempo

me había sucedido, el pequeño evento que cambió mi vida para siempre. En eso, en

medio de nuestra conversación, la puerta se abrió. Era Rodrigo, quien se

encontraba detrás de aquella puerta. Lo último que recuerdo es que me miró con

una cara de decepción, solamente se alejó y ninguna palabra de su boca salió.