Mirándote desde arriba

Seudónimo: Cooky chick

Hola, no sé por qué estoy escribiendo, de pronto pienso: no sé para qué o para quién. Tal vez me siento solo y no sé qué es este lugar, ni siquiera sé en qué pensar. En fin, sólo quiero escribir sobre mi vida. Por cierto, mi nombre es Sam y esta historia ocurre en Alemania en 1938. Yo era huérfano, nada especial. En el orfanato nos trataban a todos muy mal. La peor persona de ese lugar era la señora Carla, ella era la encargada de cuidarnos, “cuidarnos”. Su trabajo era simple en mi opinión: recordarnos a todos hacer la cama, ordenar todo y que no  peleáramos o nos lastimáramos, en fin, esas cosas que se le piden a cualquier niño. La verdad, a esta parecía no importarle que nos lastimá

ramos y hasta yo sentía que disfrutaba el show cuando nos peleábamos. Pero cuando se nos olvidaba ordenar o dejábamos un juguete en donde no iba, ¡uf!, su indiferencia se transformaba en ira y regaños… En fin, era realmente un infierno y en especial cuando estaba de mal humor. Las clases también eran horribles, no aprendíamos nada, así que me escapaba del orfanato de vez en cuando junto a otra niña del lugar, ella se llamaba Wendy, ambos nos parecíamos bastante físicamente. Se podría decir que más que vivir en el orfanato vivíamos en la calle, dormíamos debajo de puentes, pedíamos comida a las personas que pasaban y sólo íbamos al orfanato en tiempos desesperados, ya sea por el frío o por el hambre, o ambas (cabe aclarar que la comida del orfanato era asquerosa, poco nutritiva y muy poca).

A veces íbamos a la casa del Sr. Edmond, un anciano que todos en el pueblo consideraban loco, y nos contaba historias interesantes sobre su vida. Un día nos contó sobre el nuevo presidente, Adolfo Hitler y que Alemania estaba en contra de los judios, dijo que esa noche pasaría algo… Parecía preocupado y actuaba algo raro, pero no le di mucha importancia. Esa misma noche estaba en el orfanato y desperté por el ruido de cristales rotos, súplicas y dolor, vi a mi alrededor y no había nadie, ni siquiera Wendy. Me levanté de la cama y vi a unas figuras humanas, pero con alas. En ese momento sentí claramente mi corazón, latía tan rápido que parecía que iba a explotar. Fue el peor momento de mi vida, pero todo empeoró cuando las figuras aladas empezaron a perseguirme. Intenté salir del orfanato pero las criaturas no me dejaban. Luché con todas mis fuerzas hasta que logré salir y vi lo inevitable, personas con piedras rompiendo ventanas, incendiando estructuras y maltratando gente. Pero lo que vi después me terminó de espantar, el cuerpo ya sin vida de la señora Carla, en ese momento me arrepentí de todo lo que había dicho y pensado acerca de ella. También me dio pena, siempre había querido que sufriera pero… en ese momento me sentía un monstruo por haber deseado eso. Y eso fue sólo el inicio porque se empezó a incendiar el orfanato.

Ya me esperaba lo peor, corrí hacia la casa del Sr. Edmond, las figuras aladas me perseguían, pero nadie más parecía poder verlas, también me perseguían unos señores y sentí cómo uno me agarró. Luché por mi vida y logré llegar a la casa del Sr. Edmond, cerré todo con llave y sentí que todos mis problemas se iban por un momento cuando lo vi y a mi amiga Wendy, pero de repente, sentí un terrible dolor en la pierna izquierda, una sensación de algo húmedo, volteé sólo para ver mi pantalón roto y lleno de sangre. Por suerte, el Sr. Edmond también lo vio así que me puso un vendaje rápidamente. Wendy corrió hacia mí y me abrazó tan fuerte que sentí que me ahogaba.

–¡Sam! ¿Qué pasó, en dónde están todos? –preguntó ella.

–Se… los… lle-va-ron… –dije con poco aire.

–¡CUÉNTAME TODO! ¿QUÉ PASÓ? ¿CÓMO LLEGASTE? ¿QUÉ TE PASÓ, ESTÁS BIEN? ¡NO TE VAYAS! ¿QUÉ PASÓ CON CARLA? ¿MURIÓ?

–La señora Carla… sí, murió –dije, era la única pregunta en la que pensaba. Me empecé a sentir culpable otra vez.

–Otra víctima… –dijo el Sr. Edmond quién había permanecido callado.

Toda esa charla acabó rápidamente, pues no era el fin de nuestros problemas. Empecé a sentir mucho calor y olía a quemado, ¡Incendiaron la casa! De repente volví a la realidad, recordé la situación en la que estábamos, todo pasó tan rápido; intenté huir del fuego pero fue en vano debido a mi pierna, vi todo lo que formó parte de mi infancia destruirse en segundos y, aparecieron las figuras aladas, agarraron a Wendy y después a mí, sentí cómo me elevaba mientras Edmond seguía abajo, quería volver por él, ya que fue lo más cercano que tuve a un papá, y después se derrumbó la casa con él adentro y no pude hacer nada.

¡El orfanato ya no existía y no podía hacer nada, las personas estaban destruyendo todo lo que amaba y no podía hacer nada; todo pasó tan rápido, estaba sufriendo y no podía hacer nada; no… no podía hacer nada más que ver cómo se derrumbaba mi mundo!

Ya no me importaba nada, pude haber intentado escapar, tal vez por lo que amo, ¿qué amo?  Tal vez por las personas que aprecio, ¿pero a quién tengo para amar? Tal vez a Wendy. Mi mente era un caos cuando una palabra invadió mi mente: decepcionante. En mi vida no había hecho nada especial, no hice nada interesante, era cobarde y me daba miedo todo, veía personas sufrir y no hacia nada, sólo me estaba dejando agarrar porque era la salida más fácil: morir. No tenía fe en mí y me dejaba manipular, ¿dejaría que me hicieran eso? ¡NO! Seguía vivo por un motivo, motivo que no conozco, tal vez sólo existo para demostrarme a mí mismo que sí puedo ¡Y YO DECIDÍ CÓMO MORIR! Empecé a intentar escapar de esa cosa pero entre más me movía más me dolía la pierna, pasaron las horas y las criaturas no nos soltaban y para ese entonces ya había parado de intentar escapar, no sabía a dónde nos llevaban a Wendy y a mí. De repente sentí que empezábamos a bajar, a un lugar que no conocía. Aterrizamos en un lugar raro y tan pronto como nos soltaron…

–¡CORRE! –le dije a Wendy y salimos corriendo.

No sé cuanto tiempo ni que tan rápido corrimos pero fue el peor dolor que experimente en toda mi vida. Sentí que corrimos por horas y cada dos segundos tenía que parar debido a mi pierna, hasta que simplemente ya no pude continuar.

–¿Estás bien? –me preguntó Wendy.

–Sí –dije mientras en mi cabeza decía todo lo contrario.

Nos detuvimos un rato, comenzamos a platicar y aclarar dudas. Resulta que las criaturas se habían llevado a los demás. Estuvimos mucho tiempo en el bosque, huyendo de bestias humanas y animales. Siempre que estábamos a punto de ser capturados venían las figuras aladas y nos llevaban lejos, pero sólo nosotros parecíamos poder verlas. Poco a poco empecé a confiar en ellas.

Las criaturas nos llevaron justo al orfanato. Encontramos los restos de una oficina y en una estantería había unos papeles, me puse a revisar y vi algo que me emocionó, pues resultaba que… ¡Wendy y yo éramos hermanos! Nos abrazamos un rato hasta que escuchamos un BUM, y después de ese sonido todo cambió. Gente huyendo, gritando y lo más triste, muriendo. Aparecieron rápidamente las criaturas y nos empezaron a alejar del peligro junto a otros niños, pero no iba a dejar las cosas así. Quise escapar para poder ayudar a los demás pero no me soltaban, intenté tranquilizarme y dije con la voz más normal que pude lograr:

–Por favor, suéltenme.

Las criaturas me miraron fijamente y nos bajaron, voltearon hacia Wendy como si en un lenguaje mudo dijeran –¿Tú también te quieres quedar?–. Wendy retrocedió un poco y las criaturas captaron el gesto y se fueron.

–Hay que intentar ayudar –dijo Wendy.

Creo que ella también quería quedarse a ayudar, fuimos hacia la gente e intentamos que guardaran la calma, me fije en un misil que estaba a punto de caer, fui hacia esa dirección junto a Wendy, y alejamos a las personas de la zona de impacto como pudimos, el misil estaba a punto de caer, alejé a Wendy del área, explotó el misil y yo… creo que, morí.

Estuve unos segundos viendo negro, no podía moverme, pero si escuchar. Oí a Wendy gritar y llorar, quería decirle que estaba bien, que la escuchaba, que la quería, que no quería que llorara por mi, pero simplemente no podía, ya no sentía mi cuerpo, no sentía nada, Quería gritar pero no hice ningún sonido, hasta que desperté y vi que ahora yo era una de esas figuras aladas que nos cuidaron, también vi a los demás niños del orfanato sanos y salvos, (ahí  los llevaban para que estuvieran a salvo), estaba justo arriba de donde morí y bajé para abrazar a Wendy. Mientras la abrazaba me di cuenta que un misil iba a caer, la abracé más fuerte y cuando cayó el misil ella estaba intacta, la protegía aunque ella no lo supiera. Segundos después, me empecé a elevar, quería bajar pero no podía y solo pude observar cómo lloraba. Hasta que sentí que alguien me decía al oído:

–Lo siento –volteé y vi… ¡al Sr. Edmond!

Él confirmó mi teoría de que había muerto. Me explicó que ahora era mudo y que las criaturas aladas salvaban niños pues eran las almas de los niños que murieron en la guerra y sería un alma normal cuando acabara la guerra. No sé bien lo que pasará, pero algo que sé es que protegeré a Wendy, y cuando ella muera buscaremos a nuestros padres. Pero Wendy no morirá pronto, yo me aseguraré de eso.

Mi fecha de muerte: 1942.