No todo es para siempre

Seudónimo: Esperanzada

Pensaba que éramos amigos; pensaba que nuestra amistad era fuerte. Pero no todo es lo que parece.

¿Alguna vez han tenido una amistad tan fuerte, que están seguros que durará para siempre? Esa persona siempre estará para ti cuando lo necesites.  Bueno, yo sentía eso con una persona tan especial para mÍ.

Seguro están algo confundidos, déjenme explicarles cómo empezó el principio del final de la amistad más importante de mi vida.

Era una mañana tranquila, como cualquier otra mañana. Me estaba arreglando para ir a la escuela. Estaba revisando algunos chats que me habían mandado.

Hola, oigan, estábamos pensando Natalia y yo que deberíamos darnos un descanso de la escuela, tareas y el estrés, e irnos de viaje!!! Opinamos que deberíamos irnos a Acapulco, algo así relajante, no tan lejos de casa.

Qué piensan??? Bueno ahora nos vemos en la escuela, byee.

Llegué a la escuela, me fui directo a mi salón de clases.

Cuando entré, mi cara se alumbró al ver a esa persona que siempre me alegraba los días con solo verlo. Mi mejor amigo, Mateo. Fui directo a saludarlo. Era un poco más alto que yo, su pelo era castaño, tenía unos preciosos ojos verdes.

Hemos sido mejores amigos desde kinder.  Pasamos por muchas cosas juntos, reímos, lloramos, peleamos, jugamos. Lo que sea que fuera, pero todo juntos, no nos podíamos separar para nada.

Al pasar a la secundaria, me llegaron algunos chismes de que yo le gustaba, y sin duda así fue, pero yo nunca sentí eso por él, lo veía más como un hermano, así que lamentablemente le rompí el corazón; pero aunque eso pasara, nuestra amistad no se rompió, claro que nos llevó algo de tiempo recuperar lo que teníamos, pero sin duda seguíamos siendo los mejores amigos de siempre.

Esos últimos meses nuestra amistad se hacía cada vez más fuerte. Él es el que iluminaba todos mis días. Él era mi razón de ir a la escuela. Sus bromas me sacaban una sonrisa cada vez que me sentía mal. Creía que siempre estaría para mí en las buenas y en las malas, lo quería mucho.

A la hora del receso decidimos cómo haríamos el viaje, que sería en dos meses. Cuando se acercó una amiga mía que se llama Gina, a la hora de que Mateo y ella se saludaron, sentí algo inusual entre ellos, una tensión de nerviosismo, como si mutuamente se gustarán. Así que, tomé la oportunidad para poder unir a estos dos, y añadí:

—Oye Gina, estábamos planeando los chicos y yo, un viaje a Cancún, para poder darnos un descanso de la escuela, ¿quieres venir?

Mateo me miró con una cara transmitiendo, ¿qué estás haciendo?

—Oh, no me esperaba eso jaja, gracias por la oferta, pero primero le preguntaré a mis papás. —me respondió Gina con una muestra de asombro—.  ¿Me podrías mandar toda la información?

— Estará increíble. ¿Verdad, Mateo?  —le empujé el codo en señal de que contestara algo.

—Eh, eh sí, sí claro —replicó algo nervioso.

—Okey, bueno, los veo al rato  —interrumpió Gina algo incómoda de la situación.

—Sí, bye —respondimos Mateo y yo al unísono.

—¿Qué fue eso? —pregunté curiosamente.

—¿Qué fue qué? —respondió algo tímido.

— Vamos, sabes que soy tu mejor amiga, me puedes contar lo que sea —lo

animé.

Durante el siguiente mes, les conseguí momentos a solas, hablé bien de uno con el otro. Para resumir, les ayudé a crear su hermosa relación.

Por esos días sentí a Mateo muy alejado de mí, aunque no hice mucho caso ya que acababa de empezar una relación, es justificable.  Cuando finalizó el receso, nos tocaba clase juntos solos a Mateo y a mí, y ahí fue cuando me di cuenta, de que cuando no está Gina, me prestaba atención.

Un mes más pasó y nos fuimos de viaje.  De camino a nuestro hotel, noté muy raro a Mateo, como que no me quería ver, ni hablar. Bueno, la verdad ahora no me importaba tanto, estaba por comenzar unos de los mejores viajes que haría en mi vida, con la gente que confío y me la paso de maravilla. No dejaría que me pasara su mal humor.

Al siguiente día pasamos todo el día en la playa, riéndonos, sacando fotos, tomando piña colada en el jacuzzi y comiendo camarones. En pocas palabras, fue el mejor día de mi vida, aunque Mateo seguía sin hablarme. Esto me estaba poniendo muy nerviosa.

Cuando todos se fueron a arreglar para irnos a cenar, tomé la oportunidad, me duché rápidamente y fui a su cuarto. Llamé a la puerta, y abrió.  ¡Dios, cuánto extrañaba que me mirara, que fuera solo yo su centro de atención!

—Oye, tengo que hablar contigo.

—¿Ahora mismo? —preguntó como si fuera un estorbo, lo que me dolió.

—Sí, ahora —dije secamente.

Hizo un gesto afirmando con la cabeza, salió de su cuarto y me indicó que ahí no, que él sabía perfectamente dónde. Me llevó por un camino extraño, y al final de él, estaba el mar, se podía ver el sol bajando lentamente.

—Wow —dije sorprendida de aquella maravillosa vista.

—¿Te gusta? —dijo Mateo calmado.

—Me encanta.

Lo volteé a ver a los ojos, era hora de decirle lo que pensaba.

—Desde que estás con Gina, siento que he sido tu segunda opción, como si solo me usarás cuando no está, pero cuando aparece, haces como si no existo. Y al principio no quería que estos pensamientos me abrumaran. Pero ahora, en este viaje, no me has mirado ni hablado, no sé qué hice o dije para que no lo hagas.

Suspiró, vio para abajo y luego subió de nuevo la mirada hacia mí.

—Tú eres la persona por la que siempre sonrío y río, tú eres por lo que quiero ir a la escuela, eres muy importante para mí, nunca serías mi segunda opción, nunca. Y sé que ahora está Gina, pero eso no significa que te deje de querer —le dije.

Me dió un cálido abrazo, no me di cuenta de que lo necesitaba. Cuando nos separamos, me miraba fijamente, pero no a mis ojos, sino a mis labios.

—Oye, ¿te puedo preguntar algo? — cuestionó algo nervioso.

—Sí, claro  —dije curiosa.

—¿Alguna vez has sentido algo por mí? —lo comentó tan casual, que me sorprendió bastante.

—Ehh, no sé qué decirte, me tomaste por sorpresa —contesté nerviosa.

—No pasa nada si no lo has hecho, igual yo ya lo sabía —dijo decepcionado

—¿A qué viene esto? — pregunté confusa.

—Pues, estamos en un momento en el que quise saber si alguna vez me viste de una forma diferente, porque yo sí, y lo sigo haciendo.

—Wow… no sé qué decir. Pero estás con Gina, ¿por qué…?

—No lo sé, te quiero, te quiero demasiado, me gustas y mucho  —al decir eso se estaba acercando cada vez más. Y yo no lo paraba. —Estoy por hacer algo de lo que me arrepentiré demasiado.

—Mateo..

No podía hablar, pero algo era seguro, lo debía de parar, no podía estar pasando, ¿Qué pasa con Gina? ¿No la quiere?

Me besó. En ese momento se sintió tan bien, no pensaba en nada ni nadie más, solo en nosotros. Pero cuando nos separamos, me di cuenta que lo habíamos echado a perder todo, él había engañado a Gina conmigo, y yo la había traicionado.

—¿Qué fue eso? —pregunté molesta.

—No sé, no sé porqué lo hice, lo siento.

Nunca me había sentido más incómoda en toda mi vida. Con él estaba segura y ahora, no lo puedo ni mirar a los ojos. Sin decir nada, nos fuimos a nuestros cuartos.

Al acabar el viaje seguíamos sin hablarnos. Lo extrañaba y mucho. Pero parecía que yo ya no existía para él, que nunca fui nada para él. Desde el día del beso en la playa ha estado más cariñoso y atento con Gina.

Hasta que Gina me empezó a ignorar, no me hablaba, y eso me dolió bastante. Dos amistades perdí, que significaron mucho para mí, que me ayudaron en los malos y buenos momentos.

No quisieron arreglarlo, no les importaba perderme. Me dejaron de lado, como si yo nunca hubiera existido. Y eso dolió más de lo que creen, que te defrauden de esa manera, que tu mejor amigo te bese, y después de eso, no te vuelva a hablar, ni siquiera mirar.

Ese sentimiento de traición duele más que una espada clavándose en tu espalda.  Hoy en día, ya no me habla, no me mira.Tanto que pasamos juntos, reímos y lloramos. Esos ocho años de amistad se han esfumado en un segundo. Lo extraño. Mucho…