Paz intergaláctica

Seudónimo: Luna

Alejandro era un niño que siempre estaba en las estrellas soñando ser, algún día, un gran astronauta. Al paso que iba creciendo le gustaba más, más y más la idea de llegar al espacio, hasta que por fin un día entró a la universidad para estudiar astronomía.

Mientras estudiaba siempre le preguntaba a su madre: “¿crees que logre ser astronauta?”, y la madre le contestaba, “claro hijo”. Y así una y otra vez, hasta que un día lo consiguió. Alejandro se graduó con honores y fue aceptado en la NASA para iniciar su carrera.

Trabajó muchos años hasta llegar a ir al espacio, mientras trabajaba hacía muchos experimentos, aprendía sobre las naves y veía toda la tecnología que había. En uno de sus tantos viajes llegó al planeta Marte y vio que se acercaba algo. Un objeto que era verde y algo raro. Alejandro se asustó, pero cuando vio lo que era se emocionó mucho, porque sospechaba que era un alienígena y él siempre quiso conocer uno.

Al acercarse para tratar de conocerlo, el alienígena se asustó y se hizo invisible, pues nunca había conocido a un ser como Alejandro. Entonces comenzó a llamar al alienígena diciéndole que no se asuste que él es bueno y que no le hará daño. Esto hizo que el alien tuviera curiosidad y comenzó a aparecer poco a poco. Así que comenzaron una pequeña platica:

– Hola soy Alejandro, ¿tú cómo te llamas?

– Mucho gusto, me llamo Cuinqui.

– Qué padre nombre, ¿qué significa?

– En mi planeta mi nombre significa paz, ¿y el tuyo?

– Significa “el protector”. Sabes, pensé que eras marciano, ¿de qué planeta eres?

– Soy de Urano y por lo tanto soy uraneano.

– Qué cool, ¿quieres ser mi amigo?

– ¡Me encantaría!

A partir de ese día comenzaron una gran amistad, pero cuando Alejandro se tuvo que regresar a la tierra comenzaron los problemas. Sus jefes habían descubierto su gran hallazgo y le exigieron a Alejandro que lo llevaran con él para capturarlo e investigar sobre la vida en otros planetas. Alejandro, que se había encariñado con Cuinqui, no permitió que eso sucediera y buscó la manera de advertirle a su amigo lo que estaba pasando.

Rápidamente, Cuinqui buscó ayuda de otros uraneanos para lograr demostrarle a los humanos que ellos son buenos y no hay razón para experimentar con sus cuerpos.

Cuinqui se comunicó con Alejandro para llegar a un acuerdo con los humanos. Esta alianza consiguió que la inteligencia humana y la inteligencia uraneana se fusionarán para beneficio del universo. Así lograron ganar el Premio Nobel de la paz intergaláctica.