Simplicidad

Seudónimo: Mares

Siempre me va a sorprender lo especial que es el cerebro de los niños; la simplicidad con la que ven la vida los convierte en gigantes entre todos nosotros.

 

Los vecinos se iban a mudar. Según mamá, tengo que ayudarlos con la mudanza y ser una buena vecina, pero es demasiado temprano. De todas maneras, fui, no por voluntad propia, claro.  Los nuevos vecinos se veían agradables; el señor y la señora Nickles y su único hijo pequeño: un niño callado, chiquito pero inteligente. En seguida, congenié con ellos; los consideré como personas amables y sencillas, ya que no tenían demasiadas cajas que desempacar, así que rápidamente acabamos.

Yo ya estaba exhausta, pero mi mamá no dejaba de platicar. En cambio, el niño estaba muy entusiasmado con su nueva casa; no paraba de correr por todos lados y su cara rebosaba de alegría.

-Es muy bueno que nos hayamos mudado a esta casa – me dijo.

-O sea, sí, económicamente es lo mejor para tus papás, probablemente la ubicación esté a su favor y también es muy espaciosa…- casi, casi empecé a hablarle de impuestos al niño.

-No, no, no – me dijo el niño-. El techo de esta casa es más bajo que el techo de mi casa pasada.

-Pues sí, pero solo son techos, ¿sabes?- le respondí confundida.

-No, porque ahora si meto un globo dentro de la casa y, por accidente, lo suelto, puedo simplemente volver a agarrarlo y jalarlo abajo -dijo alegremente.

Desde ese momento, visualice el mundo de manera diferente; me impresionó cómo el cerebro de los niños encuentra las cosas buenas en donde cualquier otro, no.

-Tienes toda la razón- le dije asombrad al pequeño.