Sin darme cuenta, soy un espectador

Seudónimo: El lente silencioso

Todas las mañanas José sale de su casa y recorre su ciudad, las calles, los

parques, los centros comerciales. Siempre llevaba su cámara para capturar

cualquier instante perfecto que se cruzara en su camino. Cada atardecer, cada rayo

de luz, cada flor. Al caer la noche, él regresaba a su casa a descansar sus pies

adoloridos.

Todas las mañanas, desde hace 10 años, José sale de su casa y recorre su ciudad,

su vida se basa en apreciar las hermosas cosas que se esconden en lo normal,

cada sonrisa, cada acto de amor, cada gesto divertido. Niños jugando, pájaros

volando, parejas riendo. Su cámara siempre está lista para inmortalizarlo todo. Casi

a media noche José regresa a su hogar a dormir.

Todas las mañanas desde hace 20 años, José sale de su casa y recorre su ciudad,

lo hace desde hace ya muchos años, sabe apreciar lo que los demás ignoran. Cada

atardecer en la playa, cada ola del mar, cada movimiento de los árboles. En altas

horas de la noche llega a su casa, consumido, revisa las imágenes que capturó en

el día y duerme hasta la mañana.

Todas las mañanas desde hace por lo menos 30 años, José sale de su casa y

recorre su ciudad, casi toda su vida la dedicó a la fotografía, conservar el encanto

de la existencia. La lluvia que cae, los vidrios empañados por el frío, los coches

sacando humo. Temprano por la mañana se hunde en su cama, cansado de todo el

día y toda la noche, cierra los ojos y sueña.

Todas las mañanas cuando José era joven, salía de su casa a recorrer la ciudad, él

eternizaba cada pequeño detalle perfecto que había en el mundo. Como una rutina

diaria él salía a capturar nuevos momentos. Hace tiempo ya, que sus piernas no le

permiten salir de sus cuatro paredes; ahora tan solo lo acompañan el rechinar de

unas ruedas, esas ruedas que lo llevan a donde les pide ir, o por lo menos hasta

donde pueden.

Presenció mucha belleza en su vida, pero ahora que los días son grises, ahora que

en su corazón llueve, solo se dedica a ver a las personas vivir sus vidas, pasando

por delante de su pequeña ventana. José se dio cuenta que su vida estuvo llena de

hermosas escenas y que él, de ninguna fue parte.

Deseando encontrar la hermosura y presenciar la felicidad, se olvidó de buscar la

suya. Fue un espectador escondido detrás de un corto lente, disfrutando del

espectáculo que ofrecían los demás, sin ver que la vida se le escapaba de frente, y

eso fue lo único que su cámara no pudo captar.