Snack encuentra su isla con Ema

Seudónimo: Ducili

Ema, una niña muy bonita de 11 años, vivía con su hermana mayor en una casa cerca del mar. Un día Ema decidió comprar un perro, pero para su mala suerte, en la tienda de mascotas ya no había perros, únicamente quedaba un monstruito. Ema lo pensó mucho, no sabía si comprarlo, pero ella quería una mascota que le hiciera compañía. Después de pensarlo un buen rato,  Ema decidió comprarlo y se lo llevó a su casa. En casa jugó con él, le lanzó una pelota, lo abrazó y le buscó un nombre; lo llamó Snack. Al día siguiente, Ema tenía que ir a la escuela y se llevó a su monstruito para presentarlo con sus compañeras y amigas. Para sorpresa de Ema, todas las niñas se burlaron porque en vez de un perro, tenía un monstruito. Y como Snack el mounstrito escuchó las burlas, entendió muy bien y se sintió mal, así que empezó a destruir las mesas y sillas de todo el lugar.

Este desastre provocó que suspendieran a Ema por unos días de la escuela. En casa, Ema estaba triste, pero no estaba sola; Snack le hacía compañía, aunque también se veía triste. Después de meditar un tiempo, Ema dijo: – Snack, necesito educarte. Es bastante malo lo que hiciste, pero vas a mejorar.

Snack era muy abusado y entendía muy bien lo que le decían, por lo que fue aprendiendo rápido. Ema le enseño a hacer del baño en un solo lugar, a comer cuando se le servía la comida, a dormir en las noches y jugar en el día. También le enseñó a obedecer sus indicaciones como: sígueme, siéntate, silencio. Snack aprendió rápido, sobre todo porque Ema lo quería mucho. Un día, Ema salió a caminar a la playa y le dijo a su monstruito: ahorita regreso. En su caminata, Ema encontró una concha muy bonita y cuando regresó a su casa dijo: – Snack ¡mira lo que te traje!, es una concha muy bonita. En eso, de la nada empezó a salir humo de la concha. Ema lloró y gritó asustada y aventó la concha porque le había salido mucho humo.

Después de unos días, supo que estaba sucediendo algo raro con la concha al escuchar que decía: – ¡Mi isla se está destruyendo! Por favor ve a mi isla, eres la única que me escucha y me puede salvar -, a lo que Ema respondió: – yo no puedo lograrlo sola, claro que no; pero espera un segundo, pediré ayuda.

Se acercó a Snack y le dijo: – Tú me harás compañía y me vas a ayudar. En ese momento, llegó un oso que hablaba: – te voy a ayudar dándote un mapa que te guiará a la isla, dijo. El oso le entregó el mapa a Ema y después de eso, el oso desapareció. La hermana de Ema escuchó lo que estaba sucediendo y le dijo que no la dejaría sola, que ella también la acompañaría.

El mapa señalaba una isla, a la que tenían que llegar. La hermana de Ema consiguió un pequeño barco e iniciaron su viaje. Durante el viaje entraron a una tormenta con truenos y relámpagos, pero eso no evitó que siguieran buscando la isla. Después de largas horas de viaje, vieron en el horizonte una isla y exclamaron: -¡Esa debe de ser! En eso, se escuchó al mapa decir: – Sí, esa es la isla, ese es el lugar, ¡hemos llegado! y la concha completó: – ponme en el mar para que flote y pueda llegar a mi hogar, súbeme a Snack, que él me ayudará. Ema puso la concha sobre Snack y se fueron flotando. Por un momento Ema lloró y abrazó a su hermana, y cuando pensaron que no volverían a verlos, el monstruito regresó con una corona puesta. Snack pudo hablar con Ema y le dijo: – esta es mi isla, yo puedo salvarla y sin tu ayuda no habría podido hacerlo.

Muy sorprendidas Ema y su hermana visitaron la isla, que les pareció maravillosa. Se dieron cuenta de que ese era el mundo de Snack y comprendieron que él se tenía que quedar.

Snack, muy emocionado, les dijo: – Gracias por traerme hasta aquí y salvarme para salvar a mi isla.

Las dos niñas se despidieron de su amigo y quedaron de acuerdo para visitarlo seguido.