Tres minutos

Seudónimo: Ashley Miller

Era una noche igual que todas hacía frío y apenas estaba saliendo del estudio. Me puse mis botas y mi sudadera. Esperé afuera a mi chofer, me dolía mucho mi espalda pero eso era normal, ese día había hecho ballet, jazz y contemporáneo así que mi espalda ya estaba muy desgastada. Estaba jugando en mi celular mientras llegaba mi chofer. Lo vi venir hacia mí en su camioneta verde, subí al coche. El coche que cambió mi vida…el coche que lo cambió todo.

He bailado desde los siete años y ha sido mi vida desde entonces. Empecé a bailar en una academia de baile llamada DANCE IT y ahora estoy en una llamada MOONDANCE. He bailado todas las técnicas que te puedas imaginar y he mejorado mucho con cada clase. He conocido a personas increíbles, maestros que buscan la misma pasión que yo, me he encontrado a mi misma, es lo que más me apasiona. Todo eso cambió esa noche, en ese coche, el siete de septiembre mi vida tomó un rumbo que nunca imaginé.

Me subí al coche y saludé a mi chofer, como siempre lo hago:

— ¡Hola Dieguito! ¿Cómo estás?— le dije muy emocionada.

— ¡Hola Ash! Muy bien, muy bien. ¿Cómo le fue en sus bailes?— Diego siempre se preocupaba por mí. Ha sido mi chofer desde que tengo memoria.

— Muy bien, cansado pero bien—.

Revisé mi celular. Me pregunto si mi maestra Pau me hubiera dejado salir después… si tan solo me hubiera subido a ese coche tres minutos después ¿Qué hubiera pasado?

Estaba viendo Instagram cuando empezó a llover, me puse nerviosa ya que no me gusta estar dentro del coche cuando son días lluviosos pero Diego es el mejor manejando, así que no me preocupe, además la lluvia no estaba tan fuerte. Cinco minutos después empezó a granizar, nunca había visto una lluvia tan intensa.

Entonces le pregunté a Diego:

—¿No debemos detenernos un segundo? Está muy fuerte la lluvia ¿no?— Le dije realmente preocupada —No te preocupes Ash ya solo faltan tres minutos para llegar a la casa—.

Tres minutos… tres minutos.  Solo tomo tres minutos para cambiar mi vida, para cambiar el rumbo, para cambiarlo todo. Tres minutos.

De pronto escuché un sonido, un crash, vi vidrios volar por todos lados, la mano de Diego sujetándome para que no saliera del coche, sentí un jalón espantoso en mi pierna. No entendía. Diego gritó y por fin comprendí que habíamos chocado con un trailer, el dolor en mi pierna empezó, horrible, sentía como si me arrancaran una parte de mi pierna. Nunca había sentido un dolor tan desgarrador. Me desmayé.

Cuando abrí los ojos estaba en una camilla de hospital, ya no me dolía la pierna, mis papas estaban sentados a lado de mi, llorando.

— Ash, ¿Estás bien?— Tartamudeo mi mamá sin saber que decirme.

— Sí pero ¿Què paso?— Realmente no sabía cómo me sentía, ya no me dolía la pierna pero aún era demasiado, había chocado

—Chocaste, y bueno tu pierna…— Dejó la frase incompleta

—¿Qué tiene mi pierna ma?— Pregunte

— Bueno… —dijo mi mamá tomando un respiro —Ash, no podrás bailar—

Ya lo esperaba. Pensé. Tendría que tomar un descanso mínimo de dos semanas. Nada que no pueda hacer.

—Si ma yo sé. Dos semanas igual, no es tanto tiempo—

Mi mamá suspiró — Ash, mi niña… perdiste la movilidad en la pierna. No podrás bailar nunca más…

Sentí mi corazón caerse, mi vida acabó. ¿Cómo? ¿Cómo no iba a bailar nunca más?, ¡No! esto no estaba pasando. ¿Y ahora qué? ¿Qué sería de mi vida sin el baile? Me había tomado tanto tiempo y esfuerzo para crear mi vida alrededor de la danza,  había perdido fiestas, días de escuela, había reprobado materias por estar horas y horas practicando en el estudio. El baile era mi todo, yo era el baile. Sin él… ¿Quién era yo? ¿Quién soy yo cuando me quitaron la parte más importante de mi ser? ¡Me odiaba! Me odiaba por no haber presionado a Diego a que se detuviera ¡Odio a Diego por qué no frenó el coche! Odio todo. Mi vida no es nada, nada si no tengo baile. Nada.

Me quedé en cama 4 semanas, 1 mes sin moverme, sin poder levantarme de la cama. Comía lo que me traía mi mamá y nada más. Mi pierna comenzó a dolerme mucho después de salir del hospital, era un dolor inaguantable. Realmente no quería hacer nada, no tenía motivación. Mis papás estaban muy preocupados por mi así que decidieron traerme una psicóloga. La idea me parecía estúpida en ese entonces, una señora que pretendía ayudarme. Ella no tenía idea lo que significaba para mi no poder bailar. Pero Emma cambió mi vida.

Me acuerdo perfecto el primer día que vino a casa, tenía una bufanda rosa y unos zapatos completamente blancos, parecían nuevos. Llegó con una sonrisa en la cara.

—Hola, tu debes ser Ash, mucho gusto— Se veía buena onda pero yo la odiaba — Hola — Le dije con la voz más seca que pude encontrar.

Emma me dio terapia dos meses, es increíble pensar que tomaron dos meses, dos meses para arreglar un daño hecho en tres minutos. Después de Emma y de todas sus sesiones, por fin podía pararme de la cama, tenía que usar muletas y aún no podía caminar por mi cuenta o bailar.

Empecé a vivir, empecé a vivir de verdad y descubrí otras pasiones además de bailar, comencé a leer y a dibujar. Aunque fue una gran etapa de mi vida nada se comparaba a lo que sentía cuando estaba en un escenario, bailando, sintiendo la música. Esa era mi vida.

Comencé a tomar Fisioterapia y estuve en rehabilitación por cuatro meses. Después de tiempo volví a hablar con Diego y pude perdonarlo ya que no era su culpa y aunque el daño para él había sido mínimo la experiencia fue traumática para los dos.

Siempre he escuchado las historias motivantes de gente que está enferma y sobrevive, o gente que no puede caminar y por arte se despiertan un día y pueden mover las piernas. Pero nunca piensas que te va a pasar a ti. Nunca piensa que vas a chocar y vas a perder la movilidad, que vas a tener que dejar de hacer lo que te apasiona. Pero cuando pasa nunca piensas que te vas a recuperar, nunca piensas que vas a ser la persona que cuenta historias que motivan a la gente a pararse de la cama. Pero aun así pasó, después de mi terapia volví a caminar, luego a correr y por fin pude volver a bailar. Así que tu, el que está leyendo esto, parate de la cama, levántate y vive, vive todos los días como si fuera el último. Porque todo puede cambiar solo toma tres minutos, tres minutos.