Un extraño caso

Seudónimo: Hillary

He estudiado a muchos  pacientes, pero estudiar el caso de Max fue totalmente diferente. Cuando los papás de Max notaron que algo raro estaba pasando, no dudaron en contactarme. Dudé mucho si aceptar el caso o denegarlo, pero sabía que esto sería un reto para mí. Tuve que dejar de atender a alguno que otro paciente, pues algo dentro de mí me decía que tenía que aceptar a Max.

Sus padres me contaron que sus síntomas eran muy extraños, pero se negaban rotundamente a traerlo para que lo examinara. Por las noches se despertaba con calor extremo, aunque afuera hiciera mucho frío,  Siempre se quedaba mirando a los ojos de una hermosa niña dentro de una pintura en  su habitación. Otras veces se quedaba mirando fijamente a la ventana, asegurando que había alguien. Ese alguien, de acuerdo a sus descripciones, era espeluznante: se le acercaba a Max y le susurraba al oído lo que pasa después de la vida. De alguna forma, esto incitaba a Max a desear la muerte; descubrir cómo sería su final.

Les recomendé que vinieran conmigo y trajeran a Max, pero ellos se negaron. Durante mucho tiempo pensé que sus padres no confiaban en mí, que no querían que su hijo fuera tratado por alguien como yo.

Las noches seguían pasando y Max cada vez se ponía peor. Su corazón fallaba cada vez más y latía cada día más lento. Sus actitudes extrañas continuaban.

Era tiempo de esperar a los papás de Max para contarles la terrible noticia: Max había muerto. Los padres de Max estaban consternados por la muerte de su querido hijo, pero seguíamos sin saber el por qué de su muerte.

Estudié el caso de Max durante meses, sin poder descubrir nada hasta que entré a la habitación de Max y me di cuenta que  él nunca estuvo vivo, simplemente sus padres tenían alucinaciones y ahora viven aquí junto a mí, en el hospital psiquiátrico.